miércoles, 15 de mayo de 2013

Gratitud

¿Qué es la gratitud? ¿Cómo podemos cultivar diariamente el don de ser agradecidos y convertirlo en parte esencial de nuestra filosofía de vida? En primer lugar, la gratitud se define como “el sentimiento que experimenta una persona al estimar un favor o beneficio que alguien le ha concedido”. De acuerdo a distintos expertos del arte de la gratitud, la retribución de ser agradecidos, más que nada, debe estar ligada a la simple acción de compartir algo por aquello recibido y no en el contenido de la respuesta de quien lo recibe: en ello estriba su grandeza. Precisamente, cuando una persona siente gratitud por otra, ésta “desea corresponder dicho favor de alguna manera”. Esto puede ocurrir a través de un obsequio, una bendición, un regalo o una oración. Este hecho, ya de por sí, es sanador: no sólo requiere gran valor de nuestra parte a la hora de reciprocar a los demás, sino además, todo un estado del ser que nos permita desprendernos de una parte de nosotros para ser brindada –u obsequiada- al otro.

A continuación, les presentamos algunas sugerencias para fomentar la gratitud a lo largo de nuestras vidas, a partir de ahora:

1. Gratitud con el Creador: tome un día del mes para visitar al mar y aproveche diez minutos para darle gracias al Creador y al Universo por todas las bendiciones recibidas. Háblele al mar/océano como si estuviera hablando literamente con el Creador: siéntalo, contémplelo y conviértase, literalemente, en parte del agua. Deje que las olas toquen sus pies y sienta la riqueza de formar parte de los elementos agua, tierra y aire. Esta es la parte más interesante y que disfruto a plenitud: coloque la palabra ¡Gracias! de forma gigante en la arena: sea capaz de convertir de forma tangible sus palabras a través de esta muestra de afecto para el Director Amado de la película de nuestras vidas. No se sorprenda si la Naturaleza o el Creador le responde mediante símbolos, manifestaciones de aves o de alguna manera creativa.

2. Una oración por un desconocido: de vez en cuando, rece en voz baja o en silencio por alguien que usted no conozca. Incluya causas específicas: rece por aquella persona que tuvo un accidente de camino, por personas de necesidades especiales, por envenecientes y otras poblaciones. Comprométase con una causa y diriga una oración diaria por aquellos que están relacionados a la misma: en mi caso, los pacientes de VIH y las personas que tienen contratiempos en la carretera son mi Norte. No se sorprenda si su oración se convierte, literalmente, en un ángel terrenal que pueda socorrer a alguna persona en un momento de necesidad. En el camino de la gratitud, el Universo obra de maneras misteriosas: sea su colaborador más preciado.

3. Sea como los niños: De vez en cuando, siéntese a observar a los niños. Emule su transparencia, su creatividad, su espiritu libre. Sea capaz de convertirse en pureza. En la medida que pueda convertirse en niño en distintas facetas de su vida, logrará acceder a nuevas formas de ser que jamás había contemplado. Los niños son muy agradecidos en su forma de interactuar con los otros: aprenda de sus diversas maneras de manifestar su afecto.

4. Conviértase en un árbol: Un gran Maestro me indicó que el reino vegetal en todas sus manifestaciones sólo emanaba una frase al Universo: ¡Te amo! Sea capaz de vibrar diariamente en la sintonia de las plantas: comience a amar a todos de forma incondicional. Trabaje con el amor interior, ese que le permite aceptarse de forma incondicional y hasta descubrir aquellas riquezas que usted ha guardado por muchos años. Sea el amor más genuino, ese que se encuentra justo en su patio o en la vereda del jardín más hermoso que le circunda.

5. El mensaje de texto de la gratitud: cada cierto tiempo, seleccione diez contactos de su predilección y envíeles un mensaje de texto positivo creado por usted. Sea agradecido y manifieste su amor a las personas que más valora. Sea luz para los demás y recibirá los destellos más hermosos que le pueda regalar la vida: la tecnología es una herramienta poderosa para compartir el espíritu de la gratitud incluso a distancia, ¡utilícelo a favor de los demás!

Si la vida está llena de peticiones y de seres que imploran sueños, deseos y plegarias, por qué no darle un giro a nuestras vidas hacia el polo de la gratitud. Ya verá que la vida le sorprenderá con muchas respuestas, y, sobretodo, con todo aquello que siempre ha querido lograr, por el simple hecho de ser agradecidos y convertirlo en un átomo en el Universo. Y usted, ¿está listo para ser totalmente agradecido por todo –lo bueno, y lo no tan bueno-, a partir de ahora?

(El autor es Psicólogo Clínico y profesor. Es Coach Certificado en TISOC, Barcelona, y autor de los libros Psicología Clínica como profesión: Orígenes y tendencias y Sinapsis Crëativa: Crea.tu.Universo).

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lunes, 13 de mayo de 2013

Vive libre, muere en paz

“Si ya no tengo confianza en mí mismo, tengo a todo el universo en contra” Ralph Waldo Emerson
Todo cambio asusta, incluso aquellos que realmente queremos realizar. Cuando iniciamos un proceso de cambio no existen garantías de éxito, no existe la certeza, sólo existen posibilidades, pero… ¿acaso no vale más una posibilidad de victoria que la certeza de vivir toda una vida derrotado?
Cada paso que damos hacia nuestro estado deseado es un salto al vacío pero también la creación de una opción de triunfo, sin riesgo, no hay opciones.
¿Imposible?, ¿Difícil?, “No puedo”, “No voy a ser capaz”… Esas son el tipo de palabras a las que a veces nos aferramos para no intentar conseguir aquello que nos asusta o lo que nos va a suponer un gran esfuerzo.
Puedes hablar o quejarte todo lo que quieras, sin embargo, la vida permanecerá indiferente, no le afectan tus quejas o tus lamentaciones, le da igual enfrentarse a un pobre que a un millonario, establece sus propios listones y o los saltas o no los saltas, no hay término medio.
¿Quieres conseguir una gran vida? Debes de estar dispuesto a jugar fuerte.
No le exijas a la vida que sea más fácil, o puedes hacerlo, si estás dispuesto a obtener un no como respuesta ¡Exígete a ti mismo el convertirte en esa persona capaz de conseguir lo que deseas!
Tú tienes el derecho de determinar en quién estás dispuesto a convertirte. Tú tienes el poder de elegir si vas a permanecer en la mediocridad o entre los grandes. Nadie puede darte o quitarte este poder, es un derecho de nacimiento y puedes usarlo o renunciar a él.
Cuando la vida te desafía, te está haciendo un gran favor, desafiarte es lo más amable que puede estar haciendo por ti. Si todos tus problemas se solucionasen por si solos, no te estaría enseñando nada, no te estaría obligando a dar lo mejor de ti, no te estaría obligando a crecer…
El sentido de la vida no es simplemente limitarse a existir, a sobrevivir, sino avanzar, crecer, superarse…
La vida nunca te miente. Puedes caminar por el mundo y escuchar a toda clase de palabrerías, te pueden decir que eres un dios o un auténtico hijo de ****, pero la vida siempre te va a demostrar la verdad, es el gran punto de referencia, la que cuando esté llegando a su fin te dará la perspectiva de todo en lo que te has convertido.
Cuando llegue tu hora, la única persona con la que te va a tocar rendir cuentas eres tú mismo, tú eres la única persona cuya vida empieza y acaba contigo, no corras el riesgo de ver que tu balanza está descompensada justo en ese momento, entonces ya será tarde.
Hay que tener coraje y estar dispuesto a rechazar las explicaciones que continuamente nos eximen de la responsabilidad que nos corresponde en lo que a nuestra vida se refiere… la diferencia entre las personas que triunfan y las que no, nunca está en algo externo, su actitud, su coraje, su dedicación son lo que marca la diferencia.
Si quieres enfrentar la vida, primero has de enfrentarte contigo mismo… y vencerte.
Enfrentar tus miedos, tus creencias limitantes, tu auto concepto, tus limitaciones… vive libre, deshazte de todo lo que te frena en tu camino hacia una gran vida.
Las mayores victorias que se pueden lograr en la vida no son las que aparecen en las portadas de los periódicos o las que vienen acompañadas de grandes trofeos y multitud de elogios… el triunfo, la gloria es un momento efímero y una vez pasa, sólo permanece la persona en la que has tenido que convertirte para lograrlo.
Las mayores victorias son aquellas que día tras día obtenemos sobre nosotros mismos, nuestras victorias privadas, aquellas que no conoce nadie y cuyo mayor reconocimiento no es sino el que nosotros queramos darles.
No hay mayor satisfacción que la de acostarte sabiendo que eres un poco mejor que el hombre que se levantó de la cama esta mañana… aprende algo nuevo todos los días, haz algo que temas, desafía tus límites, haz locuras… vive una gran vida hoy, mañana puede que sea tarde.
Iñaki Posadas Martínez
Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Pública de Navarra, Master en
Coaching Personal, Ejecutivo y Empresarial por el Instituto Europeo de Estudios Empresariales, Master Coach Grado Experto por The International School of Coaching, Master M.B.A por la escuela de negocios IDE-CESEM, formado en Liderazgo Estratégico por la Nebrija Business School.

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lunes, 6 de mayo de 2013

Responsabilidad y estrés

Qué duda cabe de que todos, de una manera u otra, tenemos responsabilidad sobre alguna cosa. La responsabilidad, la mayor parte de las ocasiones, genera algún tipo de estrés, tal vez poco, pero algo genera. Hay personas que de la responsabilidad, por pequeña que ésta sea, hace una montaña inexpugnable que convierte su vida en un calvario, llena de sufrimiento y de insatisfacción. Algunas de ellas piensan que es mejor no tener responsabilidad de nada, ni siquiera de sus propias vidas.

Hay algo maravilloso en eso de no ser responsable, hay algo que satisface. ¿Qué es lo bueno de no ser responsable? Si no eres responsable no tienes la culpa de nada. Hermoso, “yo no tengo la culpa”, por tanto “soy inocente”. Son los otros los responsables, el mundo, el entorno, la crisis, el gobierno, quien sea menos yo.

La satisfacción de ser inocente plantea una seria cuestión: ¿qué tiene que suceder para que las cosas sean como a mi gusta? Por ejemplo, si siempre llego tarde al trabajo por culpa del tráfico, ¿cuándo llegaré a tiempo al trabajo?, ¿cuando el tráfico sea fluido? ¿puedo yo hacer que el tráfico sea fluido? Excepto que trabajes en el ministerio competente en la materia, lo más probable es que no puedas controlar el tráfico, por tanto nunca vas a llegar a tiempo al trabajo. La única manera de llegar a tiempo será tomando responsabilidad en el asunto y saliendo antes de casa.

Este es un ejemplo muy sencillo y fácil de entender, hay cientos de situaciones en las que ponemos la responsabilidad, la culpa, fuera de nosotros. Las personas que practican esta técnica, la mayoría de las veces, no son conscientes del estrés que se están poniendo de forma totalmente gratuita. Poner la responsabilidad fuera de nosotros significa ceder el control de aquello que nos pasa a otro ente o persona. Eso genera sensación de impotencia puesto que no podemos cambiar a los demás, ya les gustaría a muchos poder cambiar a los demás, pero no es así. Cuando cuentan la historia de forma que no tienen nada que ver con el problema, en realidad están diciendo que tampoco tienen  nada que ver con la solución.

Esta forma de vivir tiene un inconveniente y es que si decides que no tienes posibilidad de alterar tu vida, porque las cosas que te pasan son decisión de otro, dependerás de otro para ser feliz; si el mundo te trata bien serás feliz, si el mundo te trata mal serás infeliz, como si tu no pudieras hacer nada para influir en cómo te trata el mundo.

Tu decides, la responsabilidad genera un tipo de estrés, la inocencia genera otro diferente, pero estrés al fin y al cabo.

Rafael Adame Carballido
Coach Certificado Personal y Ejecutivo por TISOC.

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domingo, 28 de abril de 2013

Coaching y salud: Ahora también

Ahora también "me siento" al otro lado de la mesa
Inés Montiel Higuero
autores@tisoc.com

     La vida es frágil, como el ser humano mismo. Generalmente no pensamos en ello, pero forma parte de nuestra esencia más íntima.  Aunque en el día a día no seamos conscientes, somos vulnerables. La salud y la enfermedad son los dos extremos de la misma cuerda, dos polos inseparables; un polo nos da la posibilidad de disfrutar, mientras que el otro nos permite crecer. Pero siempre en el centro de dos extremos encontramos un punto intermedio: el bienestar. Nuestro nivel del bienestar depende en esencia de nuestra actitud, de cómo seamos capaces de vivir nuestra salud o nuestra enfermedad; para ello debemos realizar un trabajo personal que nos lleve a disfrutar de cada instante, saborear cada segundo, ser agradecidos, buscar y dar siempre lo mejor de nosotros mismos. Cultivemos nuestra actitud ante los acontecimientos del día a día (que no siempre son los que nos gustarían), para conseguir siempre nuestro máximo nivel de bienestar.
  -Era una mañana soleada, había salido de guardia y me encontraba dando un paseo con mi perro por el campo. Podía disfrutar de unas vistas espectaculares desde donde me encontraba: campos verdes y al fondo el azul intenso del mar que se llegaba a confundir con el cielo. La temperatura, ya tibia, me permitía recibir los rayos de sol en los brazos y en la cara. Queen, mi perra, corría a mí alrededor sin parar. La vida era maravillosa.
     De repente sentí un intenso dolor en mi tobillo izquierdo, al tiempo que caía al suelo. Un poco aturdida, sin saber bien qué pasaba, me senté e intenté incorporarme, pero el dolor me lo hacía imposible. En poco tiempo me encontré con una bota de fibra de vidrio en mi pierna,  unas muletas para desplazarme y la indicación de reposo con la pierna en alto.
     Era el peor momento para tener que parar por la enfermedad (bueno realmente no hay ningún momento adecuado), pues en los siguientes días tenía que dar respuesta a importantes compromisos laborales adquiridos hacía meses. Me encontraba en un buen momento de desarrollo profesional, se empezaban a materializar muchas posibilidades por las que había luchado duro hasta ese momento y parecía que tenía que posponer algunas cosas durante varias semanas.
     A pesar de todo y con la ayuda de las personas que me quieren, conseguí continuar, más o menos, mi ritmo frenético de trabajo. No aproveché la oportunidad para cuidar mi salud (la enfermedad, bien interpretada, es una oportunidad para mejorar) y lo que se podía haber solucionado en poco tiempo, siguiendo las recomendaciones oportunas, se convirtió en una larga y penosa enfermedad que consiguió paralizarme durante nada más y nada menos que dos largos años. Por el sobresfuerzo realizado dada mi actitud ante el accidente, se comenzaron a suceder diferentes síntomas y signos que derivaron en el diagnóstico de siete hernias discales en la columna. Durante los siguientes tres meses (que viví tan intensamente hasta el punto que me parecieron tres años) se sucedieron exploraciones, pruebas y visitas a distintos profesionales y se barajaron diferentes diagnósticos: tumor cerebral, esclerosis múltiple, etc.; todas posibilidades terribles que progresivamente iban minando mi moral y mi capacidad de lucha y respuesta.
     El final de este camino tortuoso fue vida de reposo, nada de actividades que pudieran implicar esfuerzos físicos, un corsé de inmovilización en la columna y toneladas de fármacos. Todo esto con 38 años, una vida por delante y en pleno despegue personal y profesional. La consecuencia casi natural que se podía esperar sucedió y la depresión terminó de aniquilar mi capacidad hasta de pensar. Sin embargo, fueron los largos paseos por la playa los que me permitieron reencontrarme con mi esencia y tomar la decisión de buscar un camino de sanación y así fue cómo la integración de la medicina alopática con fisioterapia y terapias alternativas, junto a los cuidados y el amor de mi familia, pareja y amigos, consiguieron que en mí creciera, de nuevo, la semilla de la vida.
     Pasaron los tiempos de silencio, de no entender nada, de lucha sin descanso contra la enfermedad. Hoy sigo teniendo siete hernias, sigo viviendo con el dolor, pero vivo una vida tan normal y con tantas o tan pocas restricciones como la de cualquier persona. Muchas cosas han cambiado en estos años (ya van a ser ocho y contra todo pronóstico no estoy inmovilizada). He aprendido mucho, incluso me atrevería a decir que soy un poco mejor en lo personal y mucho mejor en lo profesional (ahora, como médico soy capaz de entender mucho más a mis pacientes), pero sobre todo, he aprendido que mi nivel de bienestar no depende de mi nivel de salud ni de la gravedad de mi enfermedad, mi bienestar  depende fundamentalmente de mi actitud ante los acontecimientos que me suceden.
     ¿Cómo me "siento" en el otro lado de la mesa? Cómo médico que atraviesa un proceso de enfermedad me he cuestionado paradigmas científicos, emociones, hábitos, capacidades y habilidades. El camino recorrido me ha permitido recuperar la esencia de mi vocación y retomar la palabra como arma terapéutica fundamental. Sentada en "el otro lado de la mesa", experimento la importancia de la comunicación entre cualquier profesional de la salud y yo como paciente. Ahora "siento" el poder de las palabras de estímulo, de las palabras creadoras de ambientes de empatía, de las palabras que son capaces de proyectar y crear futuro de bienestar - .

     A través del Coaching para la Salud te propongo un camino de trabajo profesional y personal para ayudar a tus pacientes a que aumenten su experiencia de bienestar, sea cual sea su nivel de salud o de enfermedad. Donde tu paciente quiera llegar depende, en gran medida, de su actitud y tu trabajo; como profesional, consiste en ayudarle a encontrar su máximo potencial.
(Inés Montiel Higuero es coach personal y se dedica al sector de la salud)

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