lunes, 4 de octubre de 2010

La cyber-cultura: retos, discursos e identidades

Profa. Vivian Orama López

No es necesario colocarse unas gafas de realidad virtual para darse cuenta que vivimos en un mundo inmerso en las computadoras y la Internet. Ir a un cyber-café es tan normal como compartir con un amigo en algún establecimiento, tomar un curso a distancia es tener la oportunidad de estar en la primera fila de un salón universitario europeo, o tener la posibilidad de compartir la foto de la graduación de tu hijo al instante en que esto ocurre. Estos nuevos sistemas no sólo acortan el tiempo y la distancia que nos puede separar físicamente de otros, sino que, además, traen un nuevo concepto que, de alguna forma, parte de nuestra realidad: la noción de formar parte de la cyber-cultura.

Según la literatura, cuando pensamos en el cyber-espacio nuestras mentes inmediatamente se concentran en algo que no se supone que sea físico en su totalidad; algo lejano del mundo real y de lo cotidiano (Mantovani citado por Talamo y Ligorio, 2001). El cyber-espacio, según los analistas, representa un universo construido, compuesto de cosas que pueden ser escuchadas y oídas, pero que no son objetos físicos ni necesariamente representaciones de objetos físicos (Turkle citado por Riva y Galimberti, 2001). Se observa que las personas en las denominadas comunidades virtuales hacen casi todo lo que las personas hacen en la vida real, pero sin la cinética del cuerpo (Rheingold citado por Van der Spa, 2004). Por lo tanto, esta experiencia cada vez parece más tangible y más cercana a la realidad, a tal extremo que parece ser una representación de la vida misma dentro de la pantalla de ese artefacto que tanto utilizamos y que trae consigo nuevas formas de convivencia.

Los que vivimos en estos tiempos de la cibernética y de la red sabemos que el mundo ya no es el mismo. La mayoría de los seres humanos vivimos en un planeta que se interconecta (Gardner, 2007). De esta manera, el autor hace referencia a que no podemos vivir como entes o grupos separados, atendiendo solos nuestras necesidades. La Internet provee acceso a información y a la comunicación inmediata aun con las barreras de distancia. Esto, definitivamente, está cambiando la sociedad. Es evidente que han surgido nuevas rutas en los procesos de comunicación y, por lo tanto, están emergiendo nuevas comunidades, denominadas comunidades virtuales (Van der Spa, 2004). El impacto de la tecnología inalámbrica dentro de estos sistemas en línea se refleja en el trabajo cotidiano, la educación, la política, el comercio y, en general, en la forma de desenvolvimiento de las instituciones, que encuentran constantemente nuevas oportunidades de crecimiento en estas formas de transmisión (Gutiérrez e Islas, 2004). De esta forma, se plantea la noción de ser partes de una red "sin cables", pero que como toda red, permite el enlace entre miembros que forman parte de la comunidad.

Es notable que la diversidad de actividades en las que estamos involucrados día a día nos hace posible aprovechar al máximo estos recursos electrónicos que están al alcance de nuestras manos. Se crea un vínculo virtual con todas aquellas personas con quienes compartimos en el espacio cibernético e incluso en ocasiones nos resulta mucho más fácil sacar el tiempo para comunicarnos por este medio, ya sea por la rapidez, la accesibilidad o la flexibilidad en el horario. Cornish (2004) visualiza una era en donde la tecnología de las computadoras, los celulares y la Web harán posible que las personas alrededor del mundo colaboren más de cerca y eficientemente.

Como parte de la aplicación de estos sistemas al concepto de sociedad, se han creado diversos grupos y comunidades cibernéticas con el fin de satisfacer necesidades humanas a través de las redes. Un ejemplo lo son los grupos de apoyo y los foros de consejería, entre otros modelos que de alguna forma legitiman el uso de las computadoras para procesos humanos, sin dejar de ser considerados precisamente de esta forma: humanos.

Por otro lado, como resultado de la cyber-cultura y el devenir de las computadoras en las comunicaciones, se han visto modificaciones incluso en procesos políticos y culturales, así como en el lenguaje. Las conversaciones electrónicas e intercambios de mensajes instantáneos por la red conducen a la creación de abreviaciones (Samaniego, 2003). El también uso de emoticones o íconos para expresar ideas de una forma más gráfica junto a las abreviaciones, provee la oportunidad de un cyber-dialecto dentro de esta cultura.

Sobre las generaciones y la utilización de la cibernética, es importante señalar que las comunidades virtuales no están sujetas tan solo a adolescentes y a jóvenes. En cuanto a la tercera edad, iniciativas de adiestramiento a personas mayores de 60 años, la adquisición de esta herramienta como parte de su diario vivir ha permitido no tan solo su desarrollo personal, sino también la oportunidad de establecer redes sociales, obtener asistencia en procesos importantes, la disminución del aislamiento y la posibilidad de colocar los pasatiempos y las experiencias de vida disponible para otros (Trenting, 2004).

Acerca del concepto de identidad en función de la cyber-cultura, hay varios factores que deben ser mencionados. La construcción de la identidad en el espacio cibernético está directamente relacionada con la naturaleza de las interacciones y oportunidades ofrecidas dentro del ambiente (Talamo, 2001). Hay artículos que señalan que los usuarios de la Internet y los miembros de la comunidad en línea están más dispuestos a demostrar su verdadero yo que lo que lo harían en la vida real (Van der Spa, 2004). En cuanto a los foros relacionados a aspectos importantes de la vida misma, como la muerte de un ser querido, condiciones terminales, entre otros, la literatura indica que dichos procesos permiten que cada individuo que enfrenta dicha situación tenga la oportunidad de reconstruir su yo en un espacio entre personas que comparten las mismas experiencias y, por lo tanto, reconstruyen en cierta forma su relación con el mundo (Hollander, 2001).

La realidad es que muchos de nosotros no podemos imaginarnos en un mundo sin la red de la Internet y la cibernética (Van der Spa, 2004). Esto, definitivamente, va marcando lo que probablemente será el inicio de algo que seguirá evolucionando y, por ende, desarrollando nuestras nociones sobre la cultura, los retos, los discursos y la identidad en función de la tecnología. Así que, mis amigos lectores, no me quedará más que dejarlos con estas nociones de la literatura sobre la cyber-comunidad, mientras disfruto un té virtual con mi hermana en Skype y continúo escribiendo otros artículos en Word en este cómodo cyber-café.

(La autora es profesora universitaria en la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla y estudiante del Programa Doctoral de Educación en Currículo y Enseñanza de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de San Germán. Puede contactar con la autora desde autores@tisoc.com).

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