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lunes, 24 de mayo de 2010

Coaching con caballos, claridad de intención

Si hay algo que te enseñan los caballos es a tener claridad de intención.  Esta claridad, además has de tenerla estando presente al cien por cien. No vale pensar en otra cosa mientras estás con ellos, porque  de no ser así, lo perciben al instante y se desconectan o, mejor dicho, dejas de interesarles. 

Talia Soldevila

Pero, antes de seguir, quiero explicar un poco la naturaleza del caballo, ya que eso nos ayudará a entender cómo funcionan.

Cuando hablo del comportamiento de los caballos siempre me refiero a su estado natural, es decir, cuando están en libertad y sin la presencia de humanos. Los caballos estabulados o que viven en espacios pequeños, están sometidos a seguir unas pautas impuestas por el cuidador como, por ejemplo la falta de vida social o tener que comer solo dos o tres veces al día.  Un caballo come entre 15 y 18 horas diarias y es un animal gregario.

El caballo es un ser muy tranquilo. Es herbívoro, lo cual convierte su carne en algo muy apetecible para los depredadores, por lo tanto, es un animal de presa. Su supervivencia durante millones de años se ha debido a su programación biológica para la huida, su gran habilidad de sincronización y su capacidad de percibir el nivel energético de un depredador, así como su intención. Esta capacidad de percepción de niveles energéticos, incluso a una gran distancia, ha sido la base de su supervivencia. Su capacidad de sincronizar movimientos con toda la manada durante la huida dificulta la caza para un depredador; una gran masa en movimiento es más complicada de atacar que un grupo que corre disperso.

El caballo es como un inmenso receptor y amplificador de emociones. Este hecho es lo que lo convierte en un extraordinario co-coach o co-terapeuta. ¡Imagina tener un duendecillo que te susurra al oído todos los estados emocionales de tu cliente y que, además, acierta siempre! Las sesiones de coaching se acortarían una barbaridad, porque podrías dedicarle todo el tiempo a lo que está pasando en realidad, a la verdadera esencia de la persona. Los caballos tienen ese don con el que les ha dotado la naturaleza para su supervivencia.

Las sesiones con los caballos se basan en una serie de actividades sencillas retadoras y divertidas. El cliente deberá formar equipo con el propio caballo para conseguir que éste realice un circuito, se esté quieto, se mueva, etc. Todos las actividades han sido diseñadas por profesionales, ya sea de la salud mental o especialistas equinos. Cada una de ellas está específicamente pensada para que el coach o terapeuta trabaje un tema determinado. No se trata de realizar una actividad con éxito, se trata de explorar cómo piensa el cliente y qué recursos utiliza para realizar la actividad. No hay nada que esté bien o que esté mal, todo es válido y  dará una gran cantidad de información acerca del cliente, comenzando por el mismo caballo.

Volvamos a la claridad de intención. Tuve una clienta que había montado un negocio con un pequeño equipo de personas a su cargo, con quienes no acababa de relacionarse satisfactoriamente. Era una mujer tímida y de aspecto frágil.  Habíamos hecho un par de sesiones con los caballos, dirigidas a reforzar su confianza. En estas sesiones su actitud había sido totalmente pasiva, hasta el punto de que casi no se movía ni hacía nada para conseguir que los caballos realizaran la actividad, por lo tanto, la respuesta de los caballos fue pasiva y se alejaban de ella  en busca de algo más interesante, hecho que  la frustraba. Al preguntarle cómo se sentía ante lo ocurrido, respondió: "No le agrado a los caballos, al igual que no agrado a mis empleados, que pasan sobre mí".

En una ocasión le propuse una actividad de liderazgo muy sencilla: conseguir que un caballo la siguiera atado a una cuerda. Tenía que pasar por entre unos conos y hacer zig-zag entre ellos. Ella escogió  trabajar con una yegua. Cuando hizo el primer intento de guiarla, la yegua no se movió. La mujer tiraba de la cuerda mirando a la yegua, pero ésta permanecía anclada en el suelo. Le pregunté que cuando iba a algún sitio, ¿en qué pensaba? Contestó que "en sus cosas". Volvió a tirar del caballo sin resultado. Le sugerí que pensara en el lugar a donde quería que fuera la yegua, incluso que se lo explicara, junto con el recorrido que quería hacer. Me miró perpleja y, un tanto avergonzada, se dirigió al caballo y le dijo: "Wilma, vamos a ir allá. Primero pasaremos por este cono, luego por este otro".  Se volvió y apuntó con el dedo hacia donde quería ir y en ese momento Wilma dio un paso hacia adelante. Mi clienta, boquiabierta, exclamó: "¡Me ha entendido!"  Le contesté que lo que había entendido Wilma era su claridad de intención y que  a partir del momento en que ella sabía a dónde se dirigía, la yegua se había sentido lo bastante segura como para seguirla. La mujer se quedó atónita ante la simpleza del hecho y le cambió la expresión de la cara y corporal durante el resto de la sesión.

En sesiones consecutivas, esta mujer llegó a ser capaz de liderar a los caballos sin cuerda alguna e incluso desde detrás de ellos. Con el simple hecho de saber a dónde quería ir, visualizándolo y estando convencida de que iba a llegar, consiguió maravillas que pudo aplicar en su vida cotidiana. Su negocio mejoró y su relación con sus empleados se aclaró y prosperó. Incluso cambió su aspecto físico: ya no iba tan encogida y se percibía fuerza en su presencia. La última sesión se la pasó corriendo y dando brincos de alegría por la pista con los caballos siguiéndola y jugando. Fue hermoso.

En total hicimos cinco sesiones, ¡no son muchas para obtener resultados y cambios tan satisfactorios para el cliente!

Los caballos reflejan nuestro estado emocional real, no el que creemos tener, o el que queremos aparentar. Son espejos emocionales. La sencillez de las actividades que se realizan con los caballos pone de manifiesto nuestro pensamiento lateral, nos ayuda a pensar creativamente y a buscar soluciones y respuestas que, de otro modo, también encontraríamos, pero empleando más tiempo. Las experiencias con los caballos nos brindan la oportunidad de metaforizar momentos de la vida y aplicar estrategias que funcionan.

(Talia Soldevila Nightingale es Coach Personal / Especialista Equina. Puede contactar con la autora desde autores@tisoc.com).

martes, 9 de febrero de 2010

Coaching con caballos

Desde tiempos remotos, el caballo ha ayudado al hombre no solamente en su evolución, conquistas, trabajo diario o facilitando la supervivencia, sino cómo terapeuta y maestro en su crecimiento personal.

Talia Soldevila

Los antiguos Griegos ya utilizaban al caballo con fines terapéuticos para levantar la autoestima de enfermos graves. Jenofonte (431 a.C.) también persiguió una relación diferente con el caballo e Hipócrates (460 a.C.) comentaba que el ritmo del caballo era saludable. Los celtas le llevaba un potro a aquellos que estaban tristes para darles compañía; esta práctica se usaba para reconfortar la pena de la muerte de un ser querido. A lo largo de toda la historia humana, el caballo se ha considerado como un animal místico y espiritual llegando incluso a deificarlo. Jung sugería que los caballos representaban uno de los arquetipos mitológicos más profundos de la humanidad.

La psicoterapia asistida con caballos es una evolución natural a partir de la hipoterapia y la equinoterapia. Varias asociaciones y proyectos nacen en EEUU a partir de 1994 como EFMHA (1994), EPONA (1997), EAGALA (1999), EGEA (2003). En Europa nacen EAGALA EUROPE (2003) y EAHAE (2004).

Todos los que nos relacionamos con los caballos a partir de una base de comprensión, respeto, confianza mutua e igualdad, sabemos que nos hacen de espejo. ¡Cuántas veces habremos comprobado que si tratamos al caballo cuando nosotros estamos estresados o nerviosos, el caballo responde con la misma actitud! El caballo es un animal sumamente sensible e inteligente; no entiende de mentiras (rasgo exclusivamente humano) y no entiende la incongruencia entre comportamiento y emoción, pero es sensible a nuestro lenguaje corporal y le sirve de espejo a nuestro estado emocional.

El impacto de trabajar con un animal que piensa y reacciona de forma independiente es un reto. El aprendizaje con caballos es vivencial, la forma más poderosa de aprender, ya que aumenta nuestra retentiva hasta un 75%. Cuando tenemos que resolver una situación 'in situ' con un caballo, trabajamos a partir de nuestras respuestas emocionales, activando nuestro pensamiento lateral, inteligencia emocional y creatividad.

Mediante actividades que están específicamente diseñadas por profesionales de la salud mental y especialistas equinos, vemos cómo los clientes interactúan con el caballo emocionalmente. Cada interacción del cliente produce un comportamiento en el caballo que, a su vez, es "traducido" por el/la profesional. Estas actividades jamás se realizan montado el caballo; se trata de hacer que el caballo recorra un determinado circuito, se esté quieto, salte un obstáculo o vaya de A hasta B punto, etc. Se trabaja con los caballos en libertad; no se atan y rara vez llevan cabezada. De esta manera nos aseguramos de que el caballo reaccione tal y como quiere; además, siempre le ofrecemos la opción de huida. De esta manera, el caballo se queda con nosotros si somos capaces de transmitirle seguridad y claridad de intención.

Cualquier persona se puede beneficiar del aprendizaje asistido con caballos. Hoy en día se está aplicando la enseñanza con caballos para un amplio público, como particulares, familias, empresas, militares, penitenciarías y correccionales, crecimiento personal, etc. Este tipo de trabajo con los caballos nos provee de una poderosa herramienta para el autoconocimiento. El aprendizaje es mucho más acelerado y no se olvida. Aplicado a la psicoterapia e incluso al coaching, se ha comprobado que cinco sesiones con los caballos equivalen a 25 en consulta o sesión tradicional. Lo que aprendemos de nosotros mismos con los caballos jamás lo olvidamos.

Las sesiones particulares suelen durar una hora y con una frecuencia semanal. En el caso de talleres se alarga a uno o dos días enteros, recomendando repetir la experiencia al cabo de uno o dos meses para constatar los cambios efectuados en cada persona. En cualquiera de los casos, el impacto no cesa al marcharse de las instalaciones; durante mucho tiempo después la experiencia queda patente y nos acordaremos de situaciones vividas con los caballos en nuestra vida diaria.

Incorporo a los caballos como parte activa de mi equipo de trabajo. En realidad cualquier caballo puede realizar este trabajo, siempre y cuando no se trate de un animal agresivo. Nuestra máxima es la seguridad tanto emocional como física de clientes y caballos. Los caballos rescatados o viejos en muchos casos pueden tener un futuro digno como coterapeutas y, además, pueden ser maravillosos en este trabajo. Mis caballos disfrutan con el trabajo y he podido constatar un vínculo más profundo desde que hacen sesiones de coaching conmigo. Tuve la suerte de poder trabajar con dos de mis caballos viejos antes de que dejaran este mundo el invierno pasado, un trotón francés rescatado de 28 años y una Welsh pony de casi 40. La experiencia de sus vidas quedó reflejada en la sabiduría con la que trabajaban y se relacionaban con mis clientes. Ambos fueron dos verdaderos maestros para mí y para ellos.

He vivido situaciones realmente mágicas entre caballos y clientes. Tenemos una deuda enorme con el caballo y una vez más nos ayuda de forma incondicional. Me alegra saber que mi equipo equino y yo vamos ayudando a los que se cruzan en nuestro camino, a veces causando profundos cambios en sus vidas. También me alegro de poder transmitir a mis clientes, cuya mayor parte no se han relacionado con caballos jamás, el respeto hacia los animales y la naturaleza.

(Coach Personal y Experta en Formación con Caballos. Puede contactar con la autora desde autores@tisoc.com)