miércoles, 4 de junio de 2014

No hay secretos ni fórmulas mágicas


No hay secretos ni fórmulas mágicas.

Cuando empecé con mi web, mis boletines semanales y luego mis productos y servicios, quería hacerme ver en la red, que me conocieran y llegar cada vez a más gente. Investigué y aprendí de las personas que ya lo habían conseguido.

Encontré mucha ayuda en Internet, aprendí y avancé, pero también me di cuenta de que es más importante ser tú mismo y hacer lo que sientes que seguir las “fórmulas mágicas” de otros.

Una de las primeras cosas que aprendí fue que las publicaciones más leídas eran las que tenían títulos como: Cinco claves para, Tres secretos que, Cuatro maneras especiales de o Las seis mejores fórmulas para…

Algunos de mis primeros artículos tienen títulos parecidos, no he “medido” la efectividad de empezar los artículos así, y quizá sea cierto que llaman más la atención que otros. Pero a mí me gustan más los títulos sugerentes.

Sean como sean, los títulos pueden ser atrayentes, pero si lo que viene detrás no te llega, de nada sirve ese “poderoso” encabezado.
Con el tiempo, además de seguir investigando y aprendiendo, también he llegado a mis propios “secretos” que me ayudan y en muchos de mis artículos hablo de ellos. Pero no creo que sean las fórmulas mágicas que sirvan para todas las personas en general.

No pretendo gustar ni llegar a todo el mundo, eso es imposible. Lo que sí quiero es llegar a las personas a las que les gusta lo que hago, lo que escribo, lo que digo y lo que ofrezco. Y la mejor manera de hacerlo es ser yo misma, ser fiel a mí misma y congruente con lo que digo y lo que hago.
Esto se puede aplicar tanto para conectar con personas en la red y también fuera de ella, en la vida real.

Todos sabemos cuándo conectamos con alguien por su forma de ser y de comunicarse. A veces no podemos concretar qué es, pero hay algo especial que nos hace confiar.

Creo que el “secreto” está en ser auténtico, no pretender aparentar ni impresionar a nadie. Lo que atrae a unas personas de otras es algo más sencillo, valioso y duradero que una primera impresión. Es la esencia de esa persona, su autenticidad.

Tarde o temprano se ve cómo somos, no es fácil aparentar todo el tiempo.
El camino más directo y seguro, que no el más fácil, de llegar a las personas es a través de la honestidad, la sinceridad y la humildad.
Hay una frase que dice “No basta con serlo, hay que aparentarlo”, a mí me gusta más decir: “No basta con aparentarlo, hay que serlo.”

Sé tú mismo, el resto de los papeles están cogidos

Hay demasiada gente en el mundo tratando de vivir una vida que no es la suya, bien porque siguen la estela de sus padres o porque quieren cubrir las expectativas que la sociedad tiene sobre ellos.

Oscar Wilde fue un maestro del individualismo bien entendido. No se trata de vivir  de espaldas al mundo, sino de relacionarnos con él como lo que es cada cual: una persona única, irrepetible y genuina.
Cuando asumimos nuestro propio papel, nos resulta mucho más fácil movernos por los escenarios que nos va procurando el mundo, tal vez por aquel viejo dicho de: “Si vas a Roma, haz de romano sin dejar de ser tú mismo”.

Descubrir quiénes somos y cuáles son nuestras prioridades es una de las misiones –si no la más importante– que nos es entregada al nacer. Por lo tanto, hay que luchar por la propia identidad.

Como decía Quevedo hace cuatro siglos: “vive para ti si pudieres, pues sólo para ti si mueres, mueres”.

Del Libro “El coaching de Óscar Wilde” de Allan Percy


Por Mª Victoria Martínez Lojendio

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